El pistón metálico de 19.35 cm² desciende a 1.27 mm por minuto sobre la muestra compactada, mientras el anillo dinamométrico registra cada kilo de resistencia. Así funciona el ensayo CBR que ejecutamos en Chiguayante, donde la combinación de suelos graníticos descompuestos y terrazas fluviales del Biobío exige verificar la capacidad de soporte antes de tender cualquier carpeta asfáltica. En nuestra experiencia, los suelos finos de la zona —limos arenosos con plasticidad variable— suelen requerir estabilización con cal o cemento para alcanzar los valores de CBR que exige el proyecto. Complementamos la evaluación con una granulometría completa cuando el material de subrasante presenta gravas dispersas del antiguo cauce del río, y con ensayos Proctor para definir la densidad máxima seca de referencia. Trabajamos con muestras inalteradas extraídas de calicatas y con moldes de 15.24 cm de diámetro, respetando la energía de compactación que corresponda según la capa estructural a analizar.
Un CBR mal caracterizado cuesta más en sobreespesores de base que repetir el ensayo: la diferencia entre 3% y 5% de CBR puede duplicar el paquete estructural exigido por el diseño AASHTO.
