Entre los suelos arenosos de la ribera del Biobío en sectores como Manquimávida y los depósitos más finos de la meseta de Chiguayante centro, la respuesta sísmica no tiene nada que ver. Hemos visto cómo la misma magnitud de sismo genera comportamientos radicalmente distintos en puntos separados por menos de dos kilómetros. El análisis de licuefacción de suelos permite identificar esas zonas críticas donde el terreno pierde su capacidad de soporte durante un evento sísmico, un riesgo latente en una comuna marcada por su proximidad al río y depósitos sedimentarios jóvenes. Para perfiles donde se requiere conocer la resistencia a la penetración, complementamos la evaluación con sondajes SPT que aportan el dato de N60 indispensable en los métodos semi-empíricos de evaluación de potencial de licuefacción.
Un suelo saturado, arenoso y mal graduado puede perder toda su resistencia en menos de 20 segundos de sacudida sísmica.
